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BERTALAN DE NÉMETHY

BERTALAN DE NÉMETHY

 

Imagino que la mayoría de los lectores de esta web conoceréis o habréis oído hablar alguna vez de Bertalan de Némethy. Yo leí hace tiempo su libro “The de Némethy Method” y otro escrito por Paula Rodenas titulado “The Némethy Years”, así como artículos del New York Times y The Horse Magazine sobre el que fuera magnífico jinete, profesor y entrenador del USET (United States Equestrian Team) desde 1955 a 1980.

 Hoy, gracias a los textos citados arriba, vamos a acercarnos un poco más a la figura de este genio de la equitación y hombre de caballos cuyo importantísimo legado sigue vigente.

 Bertalan de Némethy nació el 24 de Febrero de 1911 en Gyor, Hungría, donde su padre era Gobernador. Ingresó en la Academia Militar de Ludovica, Budapest, de donde salió en 1932 con la graduación de Teniente. A partir de entonces entró en la Real Escuela de Caballería Húngara donde montaba seis caballos al día, empezando por los de doma; luego montaba a la cuerda sin estribos y después llevaba al campo los caballos jóvenes. Años más tarde, en 1937, sería instructor en la propia Escuela. Hoy en día es imposible que alguien pueda aprender así, de esa forma, yo diría clásica, porque ya no existe. No se enseña a los profesores a observar y aprender. Monté cientos y cientos de caballos en dos años, muchas horas sin estribos y trabajé con diferentes profesores. No hay nadie con tanta experiencia encima de un caballo”.

 En esa época era ya un jinete muy importante en el circuito europeo. Formó parte del equipo húngaro de los Juegos Olímpicos de 1940 que, desgraciadamente, no se celebraron debido al estallido de la Segunda Guerra Mundial. A cambio, de Némethy fue enviado a la Escuela de Caballería Alemana en Hannover donde aprendió el sistema de entrenamiento alemán. Se vio forzado a volver a Hungría pero con la entrada del ejército ruso en Budapest huyó a Dinamarca donde vivió seis años dando clases de equitación.

 En 1952 aceptó una oferta para trasladarse a Estados Unidos y trabajó como profesor  en el Sleepy Hollow Country Club, de Tarrytown, Nueva York, donde se hizo amigo de algunos de los mejores jinetes del momento, entre ellos, Bill Steinkraus: “Bert enseñó a varias generaciones de americanos no solo a montar, sino también cómo comportarse y cómo proporcionar a los caballos el conocimiento, los cuidados, el entrenamiento y el respeto que se merecían”.

 En 1955, y a sugerencia de Steinkraus y  Arthur McCashin, le propusieron ser entrenador del equipo de salto, aceptando y ocupando este puesto hasta 1980. Durante estos veinticinco años  entrenó a los mejores jinetes como George Morris, Joe Fargis, Frank Chapot, Kathy Kusner, Leslie Burr, Conrad Homfeld, Michael Matz, Melanie Smith, Neal Shapiro o el propio Steinkraus.

 En su época como entrenador del equipo americano de salto de obstáculos, éste ganó la medalla de plata por equipos en los Juegos Olímpicos de 1960 y 1972, la medalla de oro individual en 1968, la de bronce individual en 1972, medalla de oro por equipos en los Juegos Panamericanos en 1959, 1963, 1975 y 1979 y de oro individual en 1963 y 1979. Su equipo ganó 71 de las 144 copas de naciones en las que compitió, estando segundo en 36 de ellas; ganaron el Trofeo Presidente de la FEI en 1966 y 1968. Los jinetes que entrenó ganaron individualmente 72 grandes premios internacionales y más de 400 pruebas internacionales.

 A de Némethy se le atribuye el hecho de introducir los ejercicios de gimnasia en el trabajo del equipo americano. Su sistema estaba basado en la doma, los laboratorios y la cuerda. Admiraba a Caprilli, precursor del asiento retrasado, del cual decía: “Su sistema es muy simple. Cambia la posición del jinete: no interfieras en el equilibrio natural del caballo; enséñale a ser cuidadoso y a la vez disciplinado y obediente y a tener confianza en su jinete. Caprilli estaba convencido de que el entrenamiento sistemático y lógico era absolutamente necesario para saltar. Su programa estaba basado en montar en el campo, saltar muchos obstáculos pequeños al trote y pasar barras en el suelo y de vez en cuando subir un poco los extremos para hacer cavalleti”.

 Cuando de Némethy fue contratado en 1955 para entrenar el equipo americano que tomaría parte en los Juegos Olímpicos disponía sólo de un año para prepararlo así que decidió no hacer cambios drásticos pero pensó que debían venir a correr a Europa para coger experiencia. “Mis jefes aceptaron mi recomendación, entendiendo que no sólo se aprende montando en casa. Si sales fuera, verás que siempre hay alguien mucho mejor que tú”.

 " En cuanto empecé a trabajar con los jinetes americanos me di cuenta de que no tenían ninguna preparación en doma. Entonces no estaba de moda. Tenían experiencia, fundamentalmente, en pruebas hunter. Así que en poco tiempo tenía que inventar algún método para que los chicos aprovecharan lo que ya sabían, mientras desarrollaba técnicas que les permitieran competir con el altísimo nivel que había en Europa, muy distinto del que reinaba en la competición nacional a la que estaban acostumbrados. Llegué a la conclusión de que si pudiera encontrar la forma de controlar la aproximación al obstáculo, la batida, sin interferir en el temperamento de los caballos, esto permitiría tanto a caballos como a jinetes poner en práctica el trabajo que cada uno necesitaba. El sistema de cavalleti para controlar la batida, combinado con laboratorios, podría producir exactamente el resultado que buscaba. El método de cavalleti y laboratorios que concebí y desarrollé como una necesidad es muy flexible y no es necesario aplicarlo de forma rígida o tajante. Si se usa con inteligencia e imaginación puede ayudar a solucionar muchos y muy diferentes problemas y puede incluso ayudar a desarrollar cualquier habilidad que tuvieran en potencia, tanto los caballos como los jinetes, en un periodo de tiempo menor del que hubiera requerido otro sistema”.

 “Bert nos llevó a todos a nueva dimensión en la forma de montar y de trabajar nuestros caballos”, comentó George Morris.A pesar de que él solo se dedicaba a la élite, sus conocimientos se filtraron a todas las categorías de jinetes”.

 La amazona del equipo americano Chrystine Jones apuntaba: “Enseñó a los americanos la importancia de trabajar con un sistema. El pensaba que sin una base de doma y cavalleti los caballos no serían capaces de desarrollar todo su potencial”. Recuerda sobre todo el énfasis que hacía en montar a la cuerda, sin estribos y sin riendas: “Tenías que apretarte hasta que se te entumecieran las piernas. Al día siguiente no podías ni andar”; pero cree sinceramente que ese trabajo dio sus frutos desarrollando un estilo muy particular y un excelente asiento, que se convirtió en distintivo de la equitación moderna americana, admirado y copiado en el mundo entero. Melanie Smith, miembro del equipo ganador de la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de 1984, lo recuerda con mucho cariño, “Siempre defendió lo que creyó justo y correcto. Además, marcó la vida de muchos de nosotros”.

 “Si Bert nos pedía que hiciéramos algo, estaba claro que había que hacerlo. Bajo ningún concepto íbamos a discutir con él. Era un hombre de muchísima categoría. Si hacías algo mal, sabías que tenías que responder ante él, no había excusas y lo mejor era no volver a hacerlo mal”, recuerda Michael Matz.

 Los jinetes del equipo americano recuerdan con mucho cariño a su maestro y son conscientes de la extraordinaria influencia que tuvo sobre ellos. Su marcado acento húngaro, que no perdió durante más de medio siglo en los Estados Unidos, parecía dar más fuerza a sus palabras, a pesar de que algunos a veces tenían problemas para entender lo que les decía. Pero nunca hubo una interpretación errónea sobre sus objetivos o principios, que sabía transmitir a todo el que estaba a su alrededor.

 Chrystine Jones recuerda que estaba pendiente de todos los detalles. Le gustaba la disciplina en todo, incluso en asuntos como la dieta. Cada dos por tres nos hacía subir y bajar las escaleras del granero”. Afortunadamente tenía un gran sentido del humor del que a veces tenía que hacer acopio para manejar a sus alumnos.

 “La mayoría de nosotros pasamos años intentando vengarnos de Bert por todas esas mañanas heladoras que nos hizo pasar montando sin estribos, a la cuerda, en el picadero cubierto de Gladstone”, recuerda Robert Ridland, un poco rebelde. Sin embargo, muchos años después, en 2000 cuando Ridland asistió a una subasta en Gladstone no dudó en pasarse por casa de Bert para hacer una visita a su viejo entrenador.

 Es curioso cómo uno de los grandes maestros de la equitación moderna americana procediera de la Caballería Europea, uno de los entornos ecuestres más antiguos y tradicionales.

 Siempre se dijo que a Bertalan de Némethy le costó un poco hacerse a la idea de que las mujeres formaran parte del equipo. En el ejército no había mujeres y lo mismo ocurría en los equipos que corrían concursos internacionales.

 “A principios de los 70 – recuerda Melanie Smith – no se consideraba a las mujeres tan fuertes y dignas de confianza como los hombres. Así es que nosotras lo teníamos todavía más difícil para formar parte del equipo. A mí personalmente me costó mucho ganarme la confianza de Bert. Pero una vez que las chichas demostramos nuestro valor, Bert nos fue siempre fiel”.

 En aquella época la vida social ocupaba una parte importante de los concursos y Bert no dudaba en dar órdenes al equipo al igual que lo hacía en la pista. “Chicas, dentro de media hora tenéis que estar en el hall del hotel con traje largo y el pelo limpio”. Carol Hofmann recuerda con una sonrisa lo que suponía una habitación para tres mujeres con un solo baño. Y las órdenes había que cumplirlas. Bert adoraba a su mujer, pero le encantaba fardar de sus chicas”, añade Carol.

 Tanto Joe Fargis como Carol Hofmann mantuvieron el contacto con Bertalan hasta el final. La amazona recuerda su última visita a su casa. “Se había caído y tenía dolores pero me hizo sentir como si fuera lo más importante de su vida. Así era Bert. Todo el que le conocía se encontraba a gusto con él. Gracias a Bert pasé de ser una autodidacta a una amazona a nivel olímpico”.

 Cuando se retiró como entrenador del equipo de salto, de Némethy se dedicó, con gran éxito, al diseño de recorridos y fue innovador en la forma de configurar los obstáculos. Fue el Director Técnico de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles donde el equipo americano, formado por cuatro de sus alumnos, ganó la medalla de oro. Igualmente, dos de ellos, Joe Fargis y Conrad Homfeld, fueron medalla de oro y de plata individual, respectivamente.

 Si no hubiera habido guerra – dijo - hoy sería probablemente un antiguo jefe de la Escuela de Caballería o quizá un General retirado. En vez de eso, mi familia perdió todo lo que había poseído durante cientos de años. Pero yo tuve suerte. Fui uno de los pocos que pudo seguir haciendo aquello para lo que mejor preparado estaba y estoy muy contento de que me haya salido tan bien”.

 De Némethy murió el 16 de Enero de 2002 y fue enterrado, como era su deseo, junto a su mujer Emily, en el panteón familiar de Hungría.

 Bertalan de Némethy supo combinar perfectamente su educación aristocrática adquirida en Hungría con la disciplina del ejército, un gran sentido del humor y una aguda inteligencia. Esta mezcla hizo de él una figura única, convirtiéndose en un icono en el mundo de los caballos, muy querido por todos aquellos que le conocieron y respetado por toda la comunidad hípica. Un perfecto gentleman.

 

 

 

PALOMA VARELA